El mundo de hoy, como el de ayer, ha mantenido una relación de servidumbre activa y pasiva con los procesos de información relativos a las cosas, los sucesos, los fenómenos y las personas. Tal vez la diferencia con el pasado, inclusive reciente, consista en el creciente estrechamiento de esa dependencia como rasgo estructural de la modernidad, hasta el punto de que la información se ha transformado en el insumoproducto que cada vez con más fuerza se impone sobre otros factores que determinan las formas y modos concretos de integración comunitaria y mundial. Restan pocos intersticios de la vida social inmunes a la penetración de las exigencias de la información que con éxito puedan todavía evitar el ser moldeados por ellas. La ciencia, la tecnología, los mercados, en fin, los dominios de la razón lógica e instrumental, la experimentación y el cálculo, no han sido el territorio exclusivo elegido por esta expansiva función soberana, que por igual se ha extendido a las esferas de la vida práctica, desde la política hasta los reductos de la cotidianidad de las personas y las familias. La información es la moneda corriente del poder. Ella ha logrado en corto tiempo desplazar otras fuentes de control de la conducta humana. Por lo demás, la moderna tecnología de la información, robustece los centros de influencia tradicionales, a la par que crea nuevos y en ciertos aspectos acentúa las desigualdades dentro de cada país y entre los distintos países. En este siglo, regímenes totalitarios instrumentalizaron la tecnología de la información a su favor, llegando por esta vía a extremar hasta límites inimaginables su repertorio de represión y perfidia. Pero también la capacidad de recoger, almacenar, transmitir y actualizar la información sobre ciertos asuntos, puede resultar de enorme utilidad social. Como lo pone de presente el autor, "el registro de antecedentes, referencias o datos y su utilización puede servir —y de hecho lo hace y en gran medida—, a la vigencia de muchos derechos fundamentales y también al desarrollo de las sociedades" (ib, pág. 17). Estamos frente a un objeto o medio, en términos más familiares, frente a una "cosa" engendrada por el talento del hombre, de la que no podemos prescindir, pero de la que se derivan riesgos que no debemos dejar de controlar. El hombre crea instrumentos o aprende a valerse de las fuerzas existentes, que amplian su poder y aumentan la complejidad de su sistema social, pero arriesga con terminar de rehén de su propia obra si no es consciente de que él puede sucumbir como sujeto cuando se ignora el valor trascendente de la persona humana. El riesgo no es de poca monta. Las organizaciones que manejan la información, traspasan los mercados nacionales y las jurisdicciones de los estados.