El Portador de la Doble Corona, señor de Kemet, envió a Harquf, el conquistador de horizontes, a viajar al reino de Kush y conseguir mil veces mil flechas con las que batallar y ganar el reino de Mittani. El explorador partio rio arriba mas alla del desierto, pero no regreso hasta quince años despues. Traia una sola flecha, pero habia conocido otras tierras, otros dioses y otros hombres. En una noche tan larga como la vida dio cuenta al rey de su odisea, mientras un escriba ponia por escrito la entrevista. Esta es su historia.Al igual que en su anterior relato, Costas perfumadas (Ediciones Trea, 2005), el viaje, sus limites y el regreso, la fascinacion del viajero por los confines, vuelven a estar presentes en la prosa cincelada e iluminada de Agustin Vidaller (Pomar de Cinca, Huesca, 1967).
Cierta condición posmoderna se obstina en negar el pan y la sal a toda escritura que no constate el supuesto hartazgo histórico que nos toca vivir, pero la máxima «Nulla aesthetica sine ethica», que