ANAYA- 9788466726382
A todos aquellos que han soñado alguna vez con marchas, asedios, conflictos, "tempestades de acero", y han deseado verlos o participar en ellos; a quienes confunden patriotismo con ardor guerrero y desprecian a los que opinan que el hombre es más importante en una granja que en el campo de batalla; a quienes creen todavía en "grandes hechos", "hazañas impresionantes", "gestas guerreras", "magníficas luchas" y en la dudosa gloria derivada de la guerra.
Tal podría ser la dedicatoria de este libro lúcido y desmitificador, del que dijo el novelista Joseph Hergesheimer: "A partir de entonces, todas las novelas de guerra tenían que ser diferentes".
A todos aquellos que han soñado alguna vez con marchas, asedios, conflictos, "tempestades de acero", y han deseado verlos o participar en ellos; a quienes confunden patriotismo con ardor guerrero y desprecian a los que opinan que el hombre es más importante en una granja que en el campo de batalla; a quienes creen todavía en "grandes hechos", "hazañas impresionantes", "gestas guerreras", "magníficas luchas" y en la dudosa gloria derivada de la guerra.
Tal podría ser la dedicatoria de este libro lúcido y desmitificador, del que dijo el novelista Joseph Hergesheimer: "A partir de entonces, todas las novelas de guerra tenían que ser diferentes".
Especificaciones del producto
Stephen Crane (Newark, 1871-Badenweiler, Alemania, 1900) logró en tan solo veintiocho años el reconocimiento literario de escritores como Joseph Conrad, Ford Madox Ford, Henry James o H.G. Wells. Con su primera novela, Maggie, una chica de la calle (1893), introduce en Estados Unidos el naturalismo narrativo, pero será La roja insignia del valor (1895), ambientada en la guerra civil de su país, la que le convierta en un autor de culto, cuya influencia se percibe en futuras generaciones literarias. John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway, Kurt Vonnegut o Norman Mailer encontraron en el poderoso antibelicismo de La roja insignia del valor un modelo para analizar las contradicciones humanas que surgen ante la violencia y una reflexión moral sobre la degradación humana inherente a los ejércitos en armas. En 1897, agobiado por el conservadurismo de la sociedad neoyorquina, fija su residencia en Inglaterra. Desde allí viajará, como corresponsal de prensa, a la guerra greco-turca y a la que enfrentó en Cuba a España y Estados Unidos en 1898, experiencia de la que surgió Heridas bajo la lluvia, publicado póstumamente. Stephen Crane murió en 1900 en un sanatorio de la ciudad alemana de Badenweiler, donde había ingresado enfermo de tuberculosis.
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(4) comentarios
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4 opiniones de usuarios
Valeria
16/05/2022
Tapa blanda
Es buenísima no le agan caso a los demas
Pedro Rodríguez
22/08/2020
Tapa blanda
Lo leí de chaval y me aburrió soberanamente. Lo he vuelto a leer de adulto y me ha encantado.
Fanwick
30/08/2011
Tapa blanda
Un libro difícil de leer. Una novela pesimista, antiépica y antibelicista. Un retrato psicológico rudo de un muchacho idealista que se alista lleno de ilusiones y el golpe que supone la cruda realidad de la guerra. Digo difícil de leer, porque se centra en exceso en los pensamientos del chico y ello hace que la lectura resulte a veces un tanto engorrosa. La novela además está llena de simbolismos que sólo descubrí tras una segunda lectura más minuciosa.
GALAROTH
18/08/2004
Tapa blanda
Un libro que ayuda a entender la verdad de la guerra y de los soldados que en ellas participan, además de darnos una visión general de la guerra civil americana. Muy recomendable para entender que los conceptos "ejército liberador", "héroe de guerra" y demás, estaban ya obsoletos y faltos de sentido hace ya mucho tiempo. Lo mejor: el retrato psicológico que se hace de un soldado cualquiera, perdido entre las ideas preconcebidas que tenía sobre la guerra, el miedo que siente y la realidad descarnada y deshumanizada que le rodea.