Enmarcada en la estética de la Nueva Novela Histórica, trata del enfrentamiento
–entre 1808 y 1814– de dos concepciones de España, del que, tras doscientos
cinco años de mentalización imperial-nacionalista, nos ha llegado una única
visión: la oficial, la de los vencedores, la formada por arrastre, sedimentación y acumulación ideológica. Pero los afrancesados también eran españoles y, por supuesto, lo eran los liberales. La obra no se limita tan solo a mostrar la evolución novelesca de sus personajes, sino que se aventura por los repliegues históricos y da la palabra a figuras como Goya, Palafox, Mor de Fuentes, José María Lanz, Lorenzo Calvo Rozas, Agustín Betancourt, Godoy, Napoleón, José Bonaparte, etc., en escenarios tan variados como Cádiz, Madrid, Segovia, Cantabria, Córdoba, Sevilla, San Sebastián, Zaragoza y París. La novela ofrece una panorámica global del conflicto armado –Guerra de la Independencia– desde una perspectiva transformadora, heredera de la Revolución Francesa.