La educación en Roma, a diferencia de otros aspectos de la vida de los adolescentes, sí que ha sido objeto de estudio por parte de los historiadores de la Antigüedad. Mucho, sin duda, se ha escrito sobre este tema y por eso, en principio, el libro que tiene en sus manos puede parecer (solo parecer) que no aporte nada nuevo.
Entre las páginas de La vida escolar de los adolescentes romanos va a encontrar a profesores poco (o nada) motivados, mal formados y peor pagados; a alumnos capaces de hacer cualquier cosa con tal de no asistir a las monótonas y aburridas lecciones de sus maestros; a padres que piensan que la educación de sus hijos es algo en lo que no vale mucho la pena la inversión de tiempo o dinero, o a los que, por el contrario, trasladan y exigen al docente toda la responsabilidad que a ellos, como progenitores, les corresponde; a un Estado que se desentiende de la formación de niños y adolescentes; y a una sociedad que considera que, con alguna excepción, dedicarse a la enseñanza es como descender al inframundo del mundo laboral y social.
¿Le resultan familiares todas estas situaciones? Segura y lamentablemente su respuesta será afirmativa. Lamentablemente porque todo lo descrito más arriba no refleja el panorama educativo del siglo XXI sino el de hace veintiún siglos y eso significa que poco hemos cambiado en algunas cosas a lo largo de estos dos mil años que nos separan de la Antigua Roma.
La vida escolar de los adolescentes romanos no es un manual al uso sobre la Historia de la Educación en la Antigüedad. En realidad, se trata de una propuesta de viaje. Un viaje en el tiempo para conocer a Cayo, Claudio, Quinto, Marco, Dionisia, Lutatia, y otros tantos adolescentes romanos. A ellos y a sus padres, tutores, pedagogos y maestros. En este libro descubrirá que, tal vez, como a usted también le ocurría, a los adolescentes romanos les encantaba estrenar material escolar, se les hacía muy cuesta arriba volver a la rutina diaria tras las fiestas de las Saturnales o se les hacía sufrir la excesiva disciplina de un severo maestro falto de las mínimas nociones de lo que es la pedagogía.
Esperamos que disfrute de este viaje, al menos, tanto como lo hemos hecho nosotros.