Una vieja fotografía pone en marcha un preciso artefacto literario donde quien lee, como en un rompecabezas, tiene que ir casando los fragmentos que conforman estas historias cruzadas para desentrañar el tenebroso final. En esta historia inverosímil y real, a partes desiguales, se revela que somos actores efímeros del presente y peones del pasado, movidos por los hilos que maneja quién sabe si el diablo o los genes, y abocados a precipitarnos en la nada que es el futuro. La isla de Aruba, Róterdam y Galicia son los escenarios por los que planean nubarrones de misterios con el verde de un mar turbio heredado en las entrañas y que, cuando revienten, dispersarán tinieblas sobre tinieblas.