A caballo entre este y otro mundo reinaba en sí mismo un abracadabrante individuo, adiestrador humano y paladín de la justicia al servicio de la Corona española. Su humanidad respondía al nombre de Gabriel. Este singular personaje, ido o venido de la donosa cordura sapiencial, mientras desempeñaba labores de espionaje en la Irlanda del siglo xviii, la providencia puso en su camino a unos huerfanos que, bajo una extraordinaria simbiosis, ventilarian los aromas conspirativos que viciaban a la sazon los reinos de Irlanda y de Gran Bretaña.Paralelamente, en un escenario fronterizo entre el mundo material e inmaterial, tres familiares de estos jovenes desamparados permanecian anclados a una realidad que ya no les pertenecia. Alli, al abrigo de unas circunstancias presumiblemente dictadas por el azar, amanecio en sus vidas Liudeia; un ser espiritual que, de la mano de Gabriel, juntaria los vertices de un triangulo compuesto por estos difuntos, los huerfanos y una peligrosisima organizacion que haria tambalear el rumbo de la civilizacion occidental.