Joaquín LlorénsBeatriz Segura se presenta con dos manuscritos en El Gurugú, la casa de Alberto, mentor y amante, quien permanece inválido tras un atentado que sufrieron años atrás en Indonesia. El primer documento es el diario de a bordo de un criminal sin escrupulos. En el otro, Beatriz, la hermosa y vivaracha joven, cuya desenfadada sexualidad refleja la libertad de espiritu de la mujer del tercer milenio, relata como se ve envuelta en una serie de muertes accidentales. La insaciable curiosidad de la investigadora licenciosa le empuja a averiguar si hay algo mas detras. Para ello, usa sin reparo los recursos a su alcance: su amistad con un guardia civil, los contactos y la sabiduria de Alberto, su arrojo y, sin pudor alguno, sus armas de mujer. Mas que a traves de un metodo detectivesco al uso, la perseverancia de un inagotable perro de presa y un espiritu ardiente e intrepido le permitiran descubrir que se esconde tras esa espiral que va sembrando de cadaveres la isla balear y que parece no tener fin. Su investigacion la llevara a intimar con resignados ancianos, ardorosas prostitutas, estirados ejecutivos, camareros aprovechados y esposas marido-dependientes, a quienes, en cuanto le es posible, grabara con su camara de video para regalar las impudicas cintas a su impedido amante y protector, a modo de consuelo. Con su sensualidad consigue las colaboraciones que no hubiera logrado el detective mas persuasivo. Complementandolo con una intuicion innata, lograra averiguar la verdad, aunque para ello tenga que compartir la agonia de un suicida y ser complice de un asesinato.
Alberto, padre adoptivo y mentor de Beatriz, le encarga un nuevo trabajo a la atractiva, intrépida y casquivana joven. Alguien, aprovechando la ausencia por vacaciones del gerente, ha robado más de tres millones de euros del dinero negro guardado en la caja fuerte de Promocastro, una promotora de Cantabria de la que Alberto es socio. La opacidad fiscal del dinero hace inviable denunciarlo a la Policía. Beatriz viaja a Santander usando como tapadera el cargo de auditora interna, ya que la limpieza del robo parece apuntar claramente a un trabajo hecho desde dentro..., hasta que la investigadora licenciosa se topa con un cadáver. La intervención de la Guardia Civil es inevitable. Pero, ¿son el ladrón y el asesino la misma persona? A partir de ese momento, y en paralelo a Ramón Sigüenza, guardia civil de la comandancia de Santander, rastreará por toda la ciudad los pasos del criminal que parece ir siempre dos pasos por delante. Auxiliada por sus, siempre a punto, armas de mujer, irá introduciéndose en los turbios negocios inmobiliarios de Cantabria, donde el amor se compra en efectivo. Sus métodos poco ortodoxos le harán seguir la pista del dinero hasta los oscuros callejones de Ámsterdam, donde, quizás influenciada por la embriaguez del hachís, sentirá en su nuca el aliento de una sombra. Poco a poco, su impetuoso empuje y la proximidad de la verdad provocarán que navajas y revólveres apunten en su dirección con intención asesina.