Al llegar a la India en 1953, recibió de un hermano jesuita el consejo que ha sido el motor de su vida misionera y sacerdotal: “Sea Vd. un alma de sagrario”. Y tanto en la India, como en la selva, como en Europa, el Señor del Sagrario es siempre el mismo. A Él se le ofrecen estas 'espigas' de los salmos.
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