María Lozano Cano, malagueña afincada en Madrid, creció en una casa donde se creía mucho en la magia. Ella nunca ha dejado de creer en ella y, quizá por eso, ahora comparte su vida con una gatita negra llamada Wanda, su animal familiar.
Es educadora y futura pedagoga, y se siente afortunada de trabajar rodeada de niños, libros y cuentos. Tras la pandemia, decidió lanzarse a la escritura y, aunque es profesora, se considera una eterna alumna, siempre dispuesta a seguir aprendiendo. Por ello, continúa formándose en talleres de literatura infantil y juvenil y de escritura creativa.
Recientemente finalizó el curso de Narrativa Integral en la Escuela de Escritores Fuentetaja, una experiencia que le permitió afianzar y ampliar sus conocimientos y le dio la confianza necesaria para embarcarse en proyectos más grandes y bonitos.