En primer lugar está el mar, brillante y azul, que es sin duda el gran atractivo de la Costa Azul. Aun así, las playas en esta región del sureste francés no son lo más importante, pues las animadas ciudades frente al mar y el arido interior, con sus impresionantes paisajes, son una tentacion irresistible. Naturaleza y cultura, mar y montaña, bahias y gargantas, bullicio y tranquilidad, tradicion y vanguardia: tanto bajo la deslumbrante luz del verano como en los meses invernales de mimosas en flor, un encanto que nadie puede pasar por alto. La Costa Azul es una tierra de fuertes contrastes, pero ya es sabido que los opuestos se atraen. El suave clima mediterraneo y el sol acompañan a los millones de veraneantes de la costa, que regularmente otorgan a Francia el titulo de principal destino turistico en el mundo cada año. Casi ninguna otra region de Europa ha cambiado tanto y tantas veces en los ultimos 200 años como la franja comprendida entre Tolon al oeste, Menton al este y las gargantas de Verdon y el Parc National du Mercantour al norte. Durante siglos, esta costa solo fue un lugar de paso de las rutas entre el norte de Europa e Italia. Entonces, junto al mar vivian pescadores pobres y en el interior, campesinos menesterosos. Lejos del turismo de masas, la proteccion de la franja costera y la naturaleza, asi como una exigente legislacion en materia urbanistica, son las bases para conservar en el futuro la belleza de este paisaje. Y es que todavia existen calas tranquilas y solitarias para bañarse en plena temporada alta en uno de los mayores centros turisticos de la Costa Azul.