Se decía que el pueblo de Burgovia, procedente del norte de Polonia, además de guerreros impíos, eran caníbales feroces. Sin embargo, esta era una leyenda nocturna y deformada.
En el año 1.300 después de Cristo, los burgovios, capitaneados por la dinastía de los Átale, se adentraron en la Corona de Castilla, quienes se adueñaron del Condado de Sanabria. Posteriormente, hicieron lo propio con el de Monterrei, en el sur del Reino de Galicia.
En la Fortaleza de Monterrei, dominando el valle y su río Támega, los condes tuvieron tres hijos, los cuales estaban protegidos por el Secreto del Zulo. No obstante, visto el comportamiento de la nobleza en la época, el Conde I de Monterrei ideó el Plan Sucesorio.
Las calamidades generadas por los señores de la guerra, de un lado, cuyos soldados morían sin remedio ni control, así como, del otro, los estragos causados por la peste negra, cuyos fallecidos se metían en fosas comunes o se quemaban sin más, llevaron al pillaje, hambruna y seguro fin del mundo.
Se permitieron actuaciones impunes de ciertas Cruzadas, como la de Don Nuno, que llevaban oraciones y traían oro, las cuales causaron ciertas dudas en la fe e, incluso, en la existencia del cielo.
El mal llamado «derecho de pernada», también conocido como «Ius Primae Noctis», rompía intimidades y corazones, puesto que ni era un derecho ni existía norma que lo amparara. ¿Cómo podía soportarse? Por la imposición de los nobles y por el olor de la costumbre. Lo dijo el filósofo ignorado: Cuando algo «anómalo» perdura en el tiempo y se convierte en costumbre, acaba perdiendo el «ano» y quedándose con lo «malo».
Las distintas concepciones religiosas de los Hijos del Dios Sol, frente a los hijos del Dios Cristo, plantearon problemas en la convivencia e, incluso, de asfixia del amor apasionado.
En ese contexto, surgen traiciones familiares, muy frecuentes en plena edad media, acabando la avaricia y el ansia de poder muy por encima de los sentimientos parentales.
Las penurias, hambruna e injusticias de los Señores Malhechores provocaron fuertes convulsiones en el medievo, cual caso de «La Revolución de los Bichiños» por el Reino de Galicia.
La siguiente frase recoge, en alguna manera, el sentir de esta obra.
«Los campesinos mienten tanto como los nobles. Los del campo cometen menos atracos, creedme, simplemente porque pueden menos. Para atracar mucho no basta con querer, hay que tener poder. (Capítulo XXI).
El autor:Gustavo Pino Salgado