La obra de María Enciso ha sido para mí en los últimos años todo un descubrimiento. Leer sus conmovedores versos, sus crónicas llenas de nostalgia, sus ensayos tan finos, tan bien articulados, me ha hecho preguntarme muchas veces por que no se le habia prestado mayor atencion a una obra, como la suya, no muy extensa, es verdad, porque tampoco lo fue su vida, pero si muy valiosa y ciertamente singular. Buscar las razones de este desinteres critico, que por fortuna se esta subsanando ya, nos lleva sin duda a constatar una vez mas el papel de segundo orden que la cultura occidental les ha reservado durante siglos a las mujeres y nos anima, tambien una vez mas, a intentar ponerle remedio, a solventar, con la palabra serena y mediante el ejercicio de la critica, el olvido y el silenciamiento al que se han visto sometidas muchas escritoras. Para ello contamos con el soporte teorico que el feminismo ha ido construyendo muy certeramente desde hace decadas. La teoria feminista ha generado un caudal de conceptos tan abundante, tan importante y tan rico que ningun estudioso o estudiosa de la literatura puede permitirse a dia de hoy prescindir de ellos, porque, si lo hiciera, seria como si un medico obviase el descubrimiento de la penicilina. No se puede hablar de las escritoras ni de los personajes femeninos pasando de puntillas por todo lo que al respecto ha producido el feminismo, lo mismo que no se puede hablar de determinadas enfermedades producidas por bacterias sin echar mano de la penicilina. Seria como cerrar los ojos ante la evidencia. El poder sanador de la penicilina no es una cuestion de creencia, no es una opinion, es un hecho probado. De igual forma, la teoria feminista, que ha ido surtiendo de 16 conceptos, que ha ido proporcionado herramientas al analisis literario, es una evidencia, es un hecho probado, aunque desgraciadamente todavia se la trata a veces solo como una creencia, y claro, vista asi, como creencia, siempre se tiene la opcion de no creer. En nuestro ambito, el filologico, esto de cerrar los ojos, de pasar de puntillas, de no creer, es aun frecuente. Por eso, pienso que no esta de mas plantear a las claras cual es nuestro punto de vista, desde donde hablamos y por que. Hablar de Maria Enciso en esta ocasion y hacerlo a proposito de Antonio Machado, uno de los poetas contemporaneos mas celebrados, mas canonicos de la literatura española, o a la inversa, hablar de Antonio Machado a proposito de Maria Enciso, supone colocar el discurso de una mujer un discurso que bien podriamos llamar marginal si nos atenemos a la historia de nuestra cultura, en primera linea, como punto indiscutible de partida; y todo ello con la voluntad expresa de indagar en lo que ese poeta canonico significo para las escritoras, en si tambien las mujeres lo leyeron como tal, es decir, en los mismos terminos que sus contemporaneos varones, cuyas lecturas, elevadas a su vez a la categoria de canon, tanto han influido en el relato de lo sucedido. Emprendemos esta tarea guiadas, como siempre, por la sed de conocimiento, por el deseo apremiante de saber, y tambien por la firme conviccion de que solo asi, incorporando a las mujeres, acertaremos a encajar las piezas del puzzle, de que solo asi, con las mujeres, con las escritoras, lograremos, en este caso, completar la controvertida fotografia del Machado de posguerra, de ese Machado que se disputaron encarnizadamente uno y otro bando.....
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