Los autos de Calderón, a menudo mal leídos y poco entendidos en épocas modernas, constituyen uno de los conjuntos dramáticos más importantes del teatro universal. Integran numerosas facetas doctrinales, filosóficas y artísticas en un ejemplo de «arte total» que puede ofrecer fascinantes oportunidades incluso al director de escena más vanguardista. La historia teológica de la humanidad y los grandes problemas del hombre como la batalla del bien y del mal, el dominio de las pasiones, el destino y sentido de la vida humana, los conflictos que provoca la libertad —el omnipresente libre albedrío de los autos—, la debilidad y grandeza humanas, se visten con un lenguaje poético inigualado en la literatura española. Esta selección de autos preparada por Ignacio Arellano refleja algunos de los modelos principales de ese amplio y complejo universo que son los autos de Calderón.
Ficha técnica
Editorial: Homo Legens
ISBN: 9788492518548
Idioma: Castellano
Número de páginas: 400
Tiempo de lectura:
9h 32m
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 11/05/2010
Año de edición: 2010
Plaza de edición: Barcelona
Alto: 21.0 cm
Ancho: 14.0 cm
Especificaciones del producto
Escrito por Pedro Calderón de la Barca
Nació en Madrid el 17 de enero de 1600. Se educó con los jesuitas en Madrid, y continuó los estudios en las universidades de Alcalá y Salamanca hasta 1620. Fue soldado en la juventud y sacerdote en la vejez, lo que era bastante habitual en la España de su tiempo. En sus años jóvenes su nombre aparece envuelto en varios incidentes violentos, como una acusación de homicidio y la violación de la clausura de un convento de monjas. De su vida militar existen pocas noticias, aunque consta que tomó parte en la campaña para sofocar la rebelión de Cataluña contra la Corona (1640). Contrasta lo impulsivo y mundano de su juventud con lo reflexivo de su madurez, un aspecto que se acentúa al ordenarse sacerdote en 1651. Disfrutó del máximo prestigio en la brillante corte de Felipe IV y su nombre va asociado a la inauguración del palacio del Buen Retiro de Madrid, en 1635, y a numerosas representaciones teatrales palaciegas. El rey le honró otorgándole el hábito de Santiago. También fue capellán de la catedral de Toledo y capellán del rey. Murió en Madrid el 25 de mayo de 1681. En vida fue un autor respetado por todos y rara vez aparece mezclado en las violentas polémicas literarias de sus compañeros de letras. Después de la muerte de Lope de Vega, en 1635, fue reconocido como el dramaturgo más importante de su época.