Traducción, introducción y notas: Antonio Hermosa Andújar. El 19 de junio de 1762 el Petit Conseil de Ginebra condenaba dos obras aparecidas ese mismo año, el ''Emilio'' y ''El Contrato Social'', debidas a la pluma de Jean-Jacques Rousseau. Se las consideraba ''temerarias, escandalosas, impías, tendientes a destruir la religión cristiana y todos los gobiernos'', y de ahí la implacable sentencia: debían ser ''laceradas y quemadas''. Cuando Rousseau entró en la disputa mediante estas ''Cartas'' que aquí se publican, lo hizo atacando la situación política ginebrina y el despliegue de la facción conservadora. Estas ''Cartas escritas desde la Montaña'' constituyen, pues, la contribución de Rousseau a la polémica intelectual y política desatada en tal oportunidad. El discurso de Rousseau pasa progresivamente de su autodefensa personal a la defensa de todos los ciudadanos frente a las intrigas e intereses de su órgano de gobierno. El texto permite además visualizar claramente el ideario religioso y político del gran ginebrino.
Ficha técnica
Editorial: Prometeo Libros
ISBN: 9789875742789
Idioma: Castellano
Número de páginas: 226
Tiempo de lectura:
5h 20m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 21/01/2010
Año de edición: 2008
Plaza de edición: Argentina
Especificaciones del producto
Escrito por Jean-Jacques Rousseau
Jean-Jacques Rousseau fue uno de los escritores más importantes que dio el siglo xviii y uno de los más influyentes en el pensamiento de los siglos siguientes. Pedagogo y filósofo, nacido en Ginebra en 1712, Jean-Jacques Rousseau participó en la redacción de la Enciclopedia, aunque con el tiempo su relación con los enciclopedistas terminó siendo hostil. Es autor de obras fundamentales para entender el mundo que iba a traer la Revolución Francesa, como es el caso Del contrato social. Discursos, así como de un tratado filosófico sobre la bondad natural del hombre y su sistema educativo, Emilio, o De la educación, ambas publicadas en Alianza Editorial. Rousseau murió súbitamente, en 1778, en Ermenonville, en casa de su último protector, el marqués de Girardin.