Sinopsis de EL INSTANTE Y LA LIBERTAD EN MONTAIGNE
Montaigne no descendió a los infiernos ni ascendió a los cielos: «Pero nos enseñó a no transformar la vida en un infierno. Y eso ya es bastante».
Rachel Bespaloff, para quien la lectura era una «experiencia ética» que nos confronta con nosotros mismos y con los otros, nuestros semejantes, que nos confronta con el pasado olvidado, con la soledad y la ausencia, en un presente sin esperanza, parte en El instante y la libertad en Montaigne, uno de los últimos textos que escribió, de una relectura de dos de las obras más representativas y citadas del pensamiento occidental: las Confesiones de san Agustín y los Ensayos de Montaigne. Bespaloff, en un texto de impecable factura, reflexiona sobre el tiempo y la libertad no ya como conceptos filosóficos, ajenos a la vida del hombre corriente, sino como temas capitales de un cuestionamiento crítico de la propia existencia que le lleva a preguntarse si no habrá llegado el momento de pararse a pensar. Montaigne, concluye Rachel Bespaloff, no descendió a los infiernos ni ascendió a los cielos. «Pero nos enseñó a no transformar la vida en un infierno. Y eso ya es bastante».
Ficha técnica
Traductor: Manuel Arranz
Editorial: Hermida Editores S.L.
ISBN: 9788412455410
Idioma: Castellano
Número de páginas: 132
Tiempo de lectura:
3h 4m
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 07/03/2022
Año de edición: 2022
Plaza de edición: Es
Alto: 17.0 cm
Ancho: 11.0 cm
Grueso: 1.2 cm
Peso: 96.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Rachel Bespaloff
Rachel Bespaloff (Nova Zagora, Bulgaria, 1895-South Hadley, Massachusetts, 1949) nació en el seno de una familia de intelectuales judíos, hija de un médico y una doctora en filosofía. Pasó los primeros años de su infancia en Kiev, y luego se trasladó con su familia a Ginebra, donde estudió música y danza. En 1919 se instaló en París, ciudad en la que frecuentó al filósofo Léon Chestov, y empezó a escribir bajo el impacto de su pensamiento. Gabriel Marcel y Jean Wahl, impresionados por sus estudios sobre Heidegger y Kierkegaard, la invitaron a publicar en la Revue philosophique. En julio de 1942 se exilió en Estados Unidos con su marido, su madre y su hija. Allí trabajó dando clases de literatura y civilización francesas en el Mount Holyoke College de South Hadley, hasta que decidió poner fin a sus días a causa de una «extrema fatiga.»