Pocos poetas saben dónde desemboca la tinta que deciden imprimir. Agustín Calvo Galán conoce ese estado de orfandad con el que nace la palabra y lo practica tanto en su condensada -implosión/explosión- poesía visual, con la que extrae de la pictográfico su volátil esencia mediante destilación, como en la otra -la que hace con palabras- y que afortunadamente no se resiste a ser abdicativa. No es posible reinar en la certeza mucho tiempo.