Pedro Muñoz frasea y puntúa corto, como Azorín. Sus personajes son de aquí y de ahora, como en el cine de un Almodóvar. Usa un humor anglosajón que podría recordar a Woody Allen, pero pimentado en El Bierzo sin prejuicio de su universalidad. En Habitación sin número hay gente que se pasa la vida cagando y meando a lo Bukowski. Disfrutarán mucho los amigos de una narrativa rápida y directa, pero sólo si la tienen, esto sí, un estómago blindado.