Embadurnada en harina, Besarta salvó la vida protegida por el tablón de madera donde su madre amasaba el pan. Mientras una veintena de familiares fallecía en casa de sus abuelos, la niña milagro comenzaba una huida en medio del vecinicidio kosovar. Los protagonistas del libro -serbios y albaneses, por igual- comparten una escapatoria y destierran, en conversaciones a fuego lento y junto a la lumbre, los recuerdos vividos y su vagar por la falla balcánica en la que se convirtió la región. El autor propone un texto a modo de roadbook, viajando por los caminos embarrados de Kosovo. Entre minaretes y campanarios que enmudecieron; cementerios, mezquitas e iglesias. También en aldeas, donde se hablan lenguas distintas según la orilla que habites. Sus personajes se cruzan en el camino de hollín y tierra quemada, en ida y vuelta. Las víctimas (albanesas) se convirtieron en verdugos y la minoría (serbia) se vio despojada de los privilegios que gozó, cuando imponía su supremacismo en la tierra de su Iglesia. El lector experimenta un viaje de emociones entre odios y proezas de supervivencia; desencuentros, vidas fronterizas y venganzas de su población, históricamente enfrentada. Este libro contiene decenas de relatos cortos sin finales felices, porque así son los Balcanes.