"La Carta Robada", una de las obras maestras de la narrativa de Edgar Alan Poe, tiene la peculiaridad de ser un escrito literario que se analiza a sí mismo. Esta notable operación, instalar una interpretación autorizada en el interior mismo del relato, cancela y a la vez convoca a los análisis críticos desde el exterior, es un obstáculo o una clausura pero también un desafío. Algunos de los más notables pensadores contemporáneos aceptaron el desafío. Jacques Lacan dedicó íntegramente a "La Carta Robada" uno de sus famosos "Seminarios". Derrida, otro Jacques de la lengua francesa, escribió un ensayo no menos célebre, "El Cartero de la Verdad", donde critica severamente los argumentos y tesis lacanianas. Por su parte Barbara Johnson, autora norteamericana, profesora de las Universidades de Yale y Harvard, dedica este libro a hacer un detallado análisis, a partir del cuento de Poe, de lo que dice Lacan en su "Seminario" y sobre todo de lo que dice Derrida. Al recorrer los argumentos y tesis de éste último contra Lacan, va anotando los equívocos, los errores, las omisiones, los desaciertos que descubre en lo que la crítica derridiana adjudica a Lacan (o en lo que calla). Se forma así una cadena disparada por "La Carta Robada", que este libro ilumina, a la que se van agregando eslabones de manera interminable: Lacan tras Poe, Derrida tras Lacan, Barbara Johnson tras Derrida... y la cadena continúa. Lo interesante es que todos de alguna manera se vuelven síntomas de lo que el relato de Poe instituye para la crítica: algo es robado, algo se busca, algo se encuentra, algo es restituido, pero nunca esta carta.