Nerea no reconoce los rostros de la gente. Sufre prosopagnosia, un trastorno cognitivo poco común, y vive encerrada en su mundo. Solo se relaciona con su mejor amigo, Teo, que es como de la familia. Sin embargo, a mitad de curso llega a su clase una nueva y atrevida alumna, Fátima. A partir de ese momento, el reducido círculo de confianza de Nerea se resquebraja. Los miedos e inseguridades se interponen en su relación con Teo y también sobrevuela el recuerdo de un padre ausente, con quien intenta conectar mediante las cartas que envía a los lugares donde se hospedó.