El pensamiento de Tomás de Aquino el más universal de los maestros no ha perdido actualidad. El concilio Vaticano II recomienda expresamente su magisterio a las escuelas católicas. En el decreto «Optatam totius», sobre la formación sacerdotal, afirma: «Para explicar de la forma más completa posible los misterios de la salvación, aprendan los alumnos a profundizar en ellos y a descubrir su conexión, por medio de la especulación siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás». En el decreto Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana, el mismo concilio exhorta a los intelectuales católicos a procurar que, «estudiando con esmero las nuevas investigaciones del progreso contemporáneo, se perciba con mayor profundidad cómo la fe y la razón tienden a la misma verdad, que es una, siguiendo las enseñanzas de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino». Para contribuir al cultivo y renovación de la doctrina del Doctor Angélico, la BAC se complace en poner en manos de sus lectores esta edición de la «Summa Theologiae», que reproduce el texto crítico leonino. El presente volumen contiene la «Prima secundae, que trata del fin último del hombre y de los actos humanos para la consecución de este fin supremo y último; de los hábitos en general y en particular: virtudes y vicios; de la ley y de la gracia.
Ficha técnica
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos
ISBN: 9788422002192
Fecha de lanzamiento: 01/02/1952
Especificaciones del producto
Escrito por Santo Tomás de Aquino
Tomás de Aquino nació en Nápoles (1225), Italia. Estudió en el monasterio de Montecasino y en la Universidad de Nápoles. En el año 1244 toma el hábito como dominico y conoce a Alberto Magno, con quien estudiará en Colonia. Posteriomente ejerce como maestro de teología en la Universidad de París, y en otras ciudades europeas. Autor de la Summa Theologica. Aunque era filósofo y teólogo, Tomás de Aquino tuvo gran repercusión en la psicología a causa de su énfasis en la importancia del libre albedrío. Aquino fue canonizado en el año 1323 y se convirtió en Santo Tomás. Según él, todo ser humano posee un alma inmortal, que no pertenece al mundo natural: transita por el mundo de la materia, pero no forma parte de él, y en consecuencia no está sujeta a la ley natural ni sometida a las causas y efectos. Si el libre albedrío es una realidad, ello resulta a la vez terrible y maravilloso. El 7 de marzo de 1274 murió en Fossanova.