Viajar en el tiempo
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Ficha Técnica
Editorial: Editorial Crítica
ISBN: 9788416771776
Idioma: Castellano
Número de páginas: 352
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 04/04/2017
Año de edición: 2017
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1 Reseña
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| hace 6 años
“Viajar en el tiempo” de James Gleick es terriblemente tendencioso y condensa la mentalidad de la doble moral norteamericana actual. Eso sin contar que es capaz de soltar sin tapujos que “Nadie sabe con exactitud lo que dijo Heráclito porque vivió en una época y un lugar en que no existía la escritura” (pág. 130). Una cosa es que no se hayan conservado sus escritos y otra muy distinta presuponer que no existía la escritura en la Grecia de entre finales del siglo VI a C. y principios del V a C., cuando los historiadores se están peleando por situar la escritura de la Odisea de Homero en una época tan temprana como entre el s. VIII al VI a C. Y este es solo un ejemplo. El tema de la doble moralidad me parece todavía más peligroso: Gleick es capaz de calificar o descalificar pensadores, escritores y científicos acribillando al lector con una sola frase de los detalles personales (non gratos) de sus vidas. Así, de Edith Nesbit y su marido Hubert Bland suelta: “El asombrado visitante llegaba a darse cuenta de que la mayoría de los niños de la casa no eran de E. Nesbit, sino el resultado de las conquistas de Bland” (págs.196-197), para pasar a soltar lo de “Amor libre, después de todo”. Pero si quiere dar conformidad a otro autor, entonces se limita a no decir nada de su personalidad o vida personal. Es una estrategia tan antigua como la escritura y que no ha inventado Gleick. Tanta revisión bibliográfica desperdiciada abruma. Y el esquema y la organización del libro tampoco ayudan: en la pág. 57 habla de Proust y H.G. Wells; en la pág. 278 sigue hablando de Proust y Wells. Madre mía… Todo esto no hace más que confirmarme que nada es de fiar en los premios Pulitzer, otorgados por la Universidad de Columbia, que Pulitzer patrocinaba, y que “la creación del premio fue una operación de lavado de cara” según afirma Enric Marín, profesor de Historia del Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona (la Vanguardia, 4/6/2017).