A finales del siglo XIX y principios del XX comienza la edad de oro de la construcción de todos los grandes hoteles que hoy se consideran históricos y se reparten por Europa y resto del mundo. Qué duda cabe de que esos hoteles han sido escenarios privilegiados donde se han gestado pequeñas historias que en muchos casos han llegado a ser claves en el devenir de la gran Historia: nobles, politicos, financieros y personajes famosos, los han utilizado para anunciar compromisos nupciales y celebrar bodas fastuosas; para vivir y morir (suicidios y asesinatos). Tambien han sido el lugar donde se han presentado inventos, se han concedido premios, se han firmado declaraciones de guerra y acuerdos de paz; entre copa y copa se han consolidado negocios astronomicos y son muchos los gobernantes que han diseñado entre sus paredes su estrategia politica. Antonio Contreras ha rebuscado esas anecdotas de la historia a las que ha incorporado otras menos transcendentes aunque no por ello menos divertidas, frescas y actuales, fruto de su vida laboral dedicada en su mayor parte al turismo y a la hosteleria. Adereza este anecdotario tipo miscelanea, con una relacion de hoteles unicos por su exclusividad y sus rarezas, a la vez que hace tambien una divertida exposicion de filias y fobias (caprichos en definitiva) de muchos de nuestros famosos. Son el toque cuore que hara las delicias de muchos lectores. En definitiva, diversion de la que se puede aprender mucho, mucho.
La influencia de los grandes poetas sobre este autor ha sido tal que, en un arrebato de pasión literaria, no ha dudado en tomar "prestados" algunos de sus versos para elaborar sobre ellos nuevas composiciones poéticas. Como el propio autor nos dice en su prólogo, en absoluto ha pretendido emular, derrotar, ni tan siquiera compararse con unos autores cuya valía esta de sobra demostrada. Antes bien, prefiere considerarse como víctima cautivada por la belleza de unos versos ante los que sucumbe subyugado y que, aunque recibidos en préstamo, le valen para ensalzar y homenajear la figura de sus queridos y admirados autores.
Si en un principio viajar te deja sin palabras, es muy probable que después, acrisoladas las vivencias y con la pátina que da el tiempo, te convierta en un narrador de historias. Así lo pensaba Ibn Battuta y asi le ha ocurrido a Antonio Contreras para quien el viaje no ha supuesto un simple desplazamiento espacial sino tambien -y lo que es mas importante- emocional. Tal vez por aquello de que "recordar es vivir dos veces" y porque "el recuerdo es el unico paraiso del cual no podemos ser expulsados", nuestro autor entreteje estas historias en las que se mezclan las vividas con las soñadas; las deseadas, las idealizadas, las que pudieron haber sido y nunca llegaron a ser; las que ocurrieron en un pasado remoto o en un tiempo presente; las que nos cuentan el o ella o nos describe un tercer narrador ocasional; la literatura permite todas esas licencias.Los campos de concentracion de Auswitchtz, los castillos del Loira, las orillas del Ganges o los acantilados de Moher no pueden dejar a nadie impasible obligandole a soñar. Los diferentes lugares en los que se ambientan estas historias, son escenarios de lujo que contribuiran a replantearnos nuestra vision del mundo porque a juicio de Henry Miller "un destino viajero nunca es un lugar sino una nueva forma de ver las cosas". Tambien nuestro nobel Juan Ramon Jimenez se apuntaba a esa nueva forma de ver las cosas cuando pensaba en la trascendente dimension y repercusion de un viaje, haciendose poeticamente la pregunta de "¿Mar desde el huerto o huerto desde el mar?"Que nadie pretenda buscar en esta coleccion de relatos, una guia turistica que no lo es: existen multitud de libros de divulgacion con esa finalidad. Aunque la historia y la geografia sean mimbres importantes en el entramado de estas narraciones, las que aqui se recopilan buscan una finalidad eminentemente literaria en la que sobre un esquema biografico, se ha creado todo un mundo de ficcion. Hay amor y pasion; humor y dolor, cronica social y nostalgia. Podran gustar en mayor o menor medida pero -desde luego- no dejaran a nadie indiferente.