Cuando las cartas nos vienen malas y perdemos la partida que pensábamos que era nuestra única razón de ser, creemos que el reloj se ha parado y que la muerte es inminente. Sin embargo, suena entonces el teléfono y al otro lado del hilo se escucha una voz amiga y cálida, una de esas personas con la que no se ha hablado ni se ha visto desde los tiempos de la universidad, que vive fuera de España, que está en Madrid de paso y que te confiesa que le haría mucha ilusión cenar contigo. Entonces haces un esfuerzo terapéutico: "Sí, claro, ¿cómo no?". Tomas el ascensor, atraviesas el umbral del gran portal del edificio en el que vives, te llega una cálida brisa de crepúsculo preestival, escuchas el ruido del tráfico y las voces de la calle. Entonces, sólo entonces, te das cuenta de que la vida sigue, te guste o no, te pegues un tiro o te abras las venas, y que te invita a continuar quemando etapas.
La de periodista no es una profesión fácil ni nunca lo fue. En no pocas ocasiones, el peligro, las acechanzas y las censuras surgen, laten, se cuecen y se desarrollan en el aparentemente apacible espacio de las redacciones y los despachos mas confortables. Tal es el caso en este relato en el que un drama laboral de persecucion y censura comienza con algo tan inocente como un escrito satirico que es tomado mas en serio de lo que podia prever su autor. Esta absorbente novela, dividida en tres partes y un imprevisto epilogo, se mueve en la ambigua frontera entre la ficcion y la realidad. A veces ambas se solapan, se interponen, se entremezclan y se exageran. Los personajes son tan reales como irreales. Ahora bien, cierto y muy real resulta el drama del protagonista, Josean Sanchiz, perseguido y aislado. Un hombre acabado, convertido en un instante en un ciudadano bajo sospecha y luego en un cadaver viviente.
Tres ratas ilustradas, docentes de la universidad Columbia de Nueva York, llegan a España para realizar una investigación sobre el coronavirus y revolucionan por completo un país que se encuentra conmocionado por la catastrofe. En su trabajo se vera implicado el autor del libro, Bosco Esteruelas, quien decide organizar un espectaculo benefico repleto de peripecias en el que participaran las fuerzas politicas y hasta la propia Corona. Gracias, asesino es un diario de notas donde abunda el analisis sobre la tragedia pero en el que se entremezclan la ficcion y los sueños. El autor trata de describir la realidad de un mundo irreal dando rienda suelta a la fantasia, a la comicidad e ironia y al disparate en general a traves de las pesadillas que vive durante la etapa del confinamiento. Casualmente y a pesar de la repugnancia que le despiertan esa clase de animales, son ellas, las ratas, quienes le ayudan a juzgar lo que esta ocurriendo en España y el resto del mundo. El disparate estaba en mi y en mis semejantes. La logica, el raciocinio y la humanidad en ellas, afirma.