Nada más sencillo que la cuestión de la muerte voluntaria si se la considera desde el punto de vista del simple deber, en la abstracción pura fuera de toda paradoja y de toda parcialidad. La cuestión es mas dificil si se la hace salir de la tesis moral, que facilmente se convierte en vulgar y en declamatoria, tratando de penetrar en la psicologia dolorosa del suicidio, analizando las influencias generales, las causas particulares, las ocasiones que han podido borrar el horror a la muerte y determinar al hombre, a pesar de sus vivas repugnancias, a un acto tan desesperado. Tratamos de reconstruir con unas cuantas lineas de necrologia insustancial toda aquella existencia tan fatalmente terminada. Quisieramos penetrar en los secretos de esa pobre alma, calmar la porcion de libertad que poseia, la mismo tiempo que las influencias perversas que ha respirado, y excusar lo inexcusable con debiles complacencias, marcar la responsabilidad que corresponde a las ideas falsas, a las paradojas malsanas, a los sistemas deplorables que son como las corrientes emponzoñadas de la atmosfera social.