Ha pasado un cuarto de siglo desde que A. O. Hirschman entonara el epitafio de la Economía del Desarrollo. Eran los primeros años ochenta de la pasada centuria, la época de la fascinación había acabado y el desarrollo desaparecia de la agenda economica y politica de los gobiernos. La adaptacion de las economias al nuevo marco competitivo daba lugar a un giro compernicano en las estrategias y el saber neoclasico retornaba a la escena economica. La liberalizacion economica sustituia a la "industrializacion tardia"; la "monoeconomia" y la vieja doctrina de la ventaja competitiva a la Economia de Desarrollo.