El profesor Aldwyn, hombre de ciencia, se despierta una mañana junto al sillón en el que se había quedado dormido y lo encuentra ocupado por "un intruso". No tarda en darse cuenta de que el intruso es el mismo. Un espiritu llamado John Forest lo acompañara en sus primeros pasos mas alla de la muerte, guiandolo por extrañas esferas y jerarquias. El profesor tendra ocasion de reencontrar a sus difuntos parientes y tambien de ver como su muerte es recibida en el mundo de los vivos. Sin embargo, habiendo sido en vida un hombre necio y egoista, mal marido y peor padre, la experiencia no sera muy agradable. El mensaje del muerto (1894) de Florence Marryat, con su humor y su despliegue sobrenatural, recuerda al Cuento de Navidad de Dickens y anticipa ¡Que bello es vivir! de Capra. Pero es asimismo un pequeño tratado de espiritismo, una creencia que, en la Inglaterra de finales del siglo XIX, cautivo a escritores como Conan Doyle y a cientificos como Alfred Russel Wallace: en esta novela dibuja otro mundo a la vez severo y protector, en el que es posible el arrepentimiento y la bondad.
En un lugar de veraneo en la costa belga, Elinor Leyton pasa los días con su cuñada Margaret Pullen. Entre los invitados del pequeño hotel costero, se encuentran con la joven Harriet Brandt, que acaba de llegar a Jamaica. La joven, se abre camino entre las mujeres del hotel y acaba viajando a Londres para integrarse en la alta sociedad. A lo largo de los meses irá dando muestras de la necesidad de sentirse querida y, de manera peculiarmente macabra, aquellos en los que deposita su amor van perdiendo las fuerzas hasta la muerte, sin que los médicos puedan hacer nada. El doctor Phillips tiene una teoría. La sangre del vampiro fluye por las venas de la muchacha.