¿Qué secreto se esconde bajo las letras del alfabeto mandeo? ¿Y si su lectura tuviera el poder de mover montañas? Se trata de una obra en la que el lector adquiere conocimientos al mismo tiempo que se entretiene. La autora nos descubre la desconocida y apasionante historia de los mandeos y los esenios. Es una novela de accion trepidante al estilo de las obras de aventuras sobre misterios antiguos. Pero a la vez es diferente, ya que sus misterios nos transportan al momento actual, pues la secta mandea pervive hoy en dia en Irak e Iran. La amplia documentacion que nos ofrece sobre la secta gnostica mandea o sobre los ultimos descubrimientos arqueologicos en Jerusalen esta cimentada en un solido trabajo de investigacion. La fuerza milenaria que encierra un cuenco mandeo aguarda perdida en un mundo que no sabria invocar su magia... Hasta hoy. Por fin Zakaria Asgari, sacerdote de los mandeos, una secta gnostica seguidora de Juan Baustista, tiene la pista que esperaba: es preciso recuperar la reliquia para renovar el poder del abagada, el alfabeto mas poderoso que existe, aunque el anciano no es el unico que lo busca. Lejos de Bagdad, entre las paredes de Cambridge, el professor Sinclair trata de encajar las piezas del puzle que le encumbre a lo mas alto de la piramide academica.
Por estas páginas, como por todas las casas, transitan fantasmas. Surgen del pasado que siempre nos persigue y arden, como la memoria, para no consumirse nunca. Sus leves pisadas unen algunos de estos relatos como piezas de un rompecabezas familiar en el que afloran traumas reprimidos, secretos, relaciones paternofiliales o detalles olvidados que explican historias por las que ya nadie pregunta. El abandono, el silencio, la tragedia de los refugiados, la gentrificacion urbana, las consecuencias de la catastrofe climatica o la alienacion laboral son otros temas que ocupan estas vidas solitarias y desprotegidas, siempre a punto de venirse abajo como las casas que les intentan dar cobijo y que absorben su dolor y sus perdidas hasta hacerlas suyas. Llegas hasta mi, hasta el borde de la acera, y te veo levantar la vista hacia mis ventanas (). Te echo tanto de menos como tu a mi. Solo soy una casa, estoy hecha de ladrillos y hormigon, pero tengo cimientos como raices, tuberias como arterias que transportan sangre, corrientes de aire que son mi respiracion, ventanas a traves de las que observo. Y tengo memoria. La que ha permanecido en mi, la que tu depositaste. Yo soy todos los fantasmas que se han quedado aqui. Los que caminan, los que lloran, los que se esconden asustados o los que te estan mirando ahora desde mi terraza, inmovil en la calle, con la cara levantada y los ojos fijos en ellos pero sin llegar a verlos. Sube, por favor. Te abrire la puerta y veras que todo acaba en mi. Soy una casa, pero tambien soy habitante: me instalo en las mentes.