Viajar por Mozambique de la mano de Pepe Aznar significa adentrarse en el país con los ojos bien abiertos y dejarse llevar por la fascinación en cada mercado, en cada carretera y senda, hacer un alto en el camino en alguna de las hermosas playas que bañan sus costas a lo largo de 2.500 km, disfrutar de actividades de montaña en zonas remotas, o contemplar la belleza de Ilha de Moçambique que, de epicentro del horror del esclavismo colonial ha pasado a ser joya del Patrimonio de la Humanidad, con el añadido de gozar de -y por encima de todo- la hospitalidad del pueblo mozambiqueño. A bordo de las tradicionales "chapas", en coche o bicicleta descubrimos la autenticidad y los encantos de Mozambique.
Sea un país pequeño del Oeste de África, marcado por el Trópico y bañado por el Atlántico. En la época de lluvias el cielo se cubre rápidamente y descarga en abundancia. A veces el sol estático golpea con fuerza sobre las carreteras coloniales. Sea un pais de inmensos rios navegables y de manglares que se pierden en el horizonte. Sea el archipielago de Bijagos, con sus playas de agua cristalina. Sea una fauna y flora exuberante. Sea la increible amabilidad de los nativos, su bondad. Sea tambien la fragilidad de sus instituciones. La belleza exenta de peligros es artificial: esto es Africa y hay que tener cuidado con los mosquitos, hay que recordar el oscuro pasado colonial que ha configurado su presente, hay que recordar las lanzaderas de esclavos en que se convirtieron los puertos de Guinea-Bissau.