ICCMU: INSTITUTO COMPLUTENSE DE CIENCIAS MUSICALES 9788489457133
Cinco son los conciertos que tuve la fortuna de ver dirigir a Ataúlfo Argenta, en dos ocasiones bien diferenciadas: la primera, con la Orquesta Nacional, en su última visita a Bilbao -ciudad a la que había acudido con cierta frecuencia, como pianista primero, luego como director de la Orquesta Municipal y de la de Cámara de Madrid y finalmente capitaneando la ONE- los dias 15 y 16 de septiembre de 1953, al mes de su histórico ciclo beethoveniano en la Plaza Porticada de Santander. Sin necesidad de recurrir a cronología alguna retengo perfectamente en la memoria el extenso y sabroso panorama -Segunda de Beethoven, Renana de Schumann, oberturas de Leonora III y Der Freischütz, preludios de Lohengrin y Tristán (Liebestod incluida), Sinfonía Sevillana de Turina y El sombrero de tres picos, amén de las consabidas propinas- desplegado por la centuria visitante y su director. La revelación que supuso el evento a aquel chaval de pantalón corto, añadida a su iniciación operística un mes antes en el I Festival de ABAO, le impulsó a iniciar sus estudios de música y a convertirse en asiduo participante en la modesta, pero estimulante para los estándares españoles del momento, vida musical bilbaína. La segunda y última ocasión se produjo en el Festival de Santander de 1957, en el que Argenta reaparecía tras dos años de ausencia por motivos de salud, esta vez al frente de la Orquesta de la Suisse Romande, que ofreció cinco conciertos, tres con el director cántabro y dos con su titular, Ernest Ansermet, a todos los cuales pude asistir, ya en vísperas de mi ingreso en la Universidad y como oyente más avezado tras unos cuantos años de intensa dedicación musical. Elías y la Novena (ambas con el Donostiarra y un gran cuarteto solista), la Oxford, el concierto para violonchelo de Dvorák (con Cassadó) y un espléndido remate con la Cuarta de Chaikovski, fueron las obras escogidas y llevadas al triunfo por Argenta para una despedida en aquel momento inimaginable. Pese a su delicada salud, en la plenitud de sus 44 a&n