Crecí en Parla, en un barrio duro pero cercano, donde la atención y la intuición no eran virtudes, sino herramientas para resistir. Allí aprendí a estar despierto, a caer y a seguir. Intenté ser futbolista y, mientras perseguía ese sueño, hice lo necesario y peleé cada paso para salir adelante. Fui policía y hoy soy entrenador de fútbol, dos caminos unidos por la responsabilidad y el compromiso. Mi vida ha tenido episodios muy duros, como el 11M o la dana, pero también momentos profundamente gratificantes, como un Mundial o ascensos de categoría, y crear y ser padre de una familia de la que me siento muy orgulloso. En ese recorrido, siempre atravesado por el fútbol, fui construyendo una forma de entender la vida. Y en ese camino vital me crucé con personas con las que se crearon conexiones invisibles que cambiaron mi rumbo y terminaron por dar sentido a todo lo vivido… y a lo que estaba por venir.
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