A través de este diario, redactado como terapia y con la firme intención de jamás ser leído, Julio, un enfermo que sufre trastornos de personalidad debido a un trauma infantil, relata día a día el año en el que dejó de ser un monstruo para convertirse en persona. El pequeño mundo de este profesor de filosofía se reduce a sus escritos, sus correcciones, la observación compulsiva a sus vecinos y la tensa espera hasta que "La Fuerza", como él mismo la denomina, se manifieste: ese alter ego que lo tortura y atormenta hasta que se le concede el único bálsamo que le reconforta, la sangre.
El suspense y la tensión enganchan al lector desde el comienzo de esta novela de trama psicológica. En la sala de espera de un hospital en la que unos enfermos de cáncer aguardan para recibir sus sesiones de quimioterapia, el tenso diálogo que surge entre los presentes se ve truncado por un inesperado secuestro.
La vida, la muerte, la moralidad, el amor, la familia, la infancia, el trauma, son, sin duda, conceptos difíciles de definir, y por eso, de los que se podría hablar sin fin. Sin embargo, no es tanto el tema de conversacion si no el interlocutor lo que hace que un intercambio se vuelva interesante. No es tanto llegar a la verdad, si no, discutirla con un puro y, por que no, un GinFizz. No se trata de desgranar una cuestion si no de crear un entorno alrededor, que se convierta en un lugar o un momento favorito. Eso es lo que les ocurre a los protagonistas de Baker y Hopkings. A traves de sus cartas intercambian desde detalles cotidianos que esconden sentimientos cuestionables, hasta confidencias peligrosas que no dejan sitio al remordimiento. Y sin embargo el lector, lejos de juzgar a dos buenos amigos que se toman la justicia por su mano, queda atrapado en un ambiente de papel, tinta y olor a habano.