Un día de 1856, el emperador Hsien Feng, siguiendo una antigua tradición, dio vuelta una ornamentada placa de jade que estaba depositada cerca de su alcoba. La placa tenía grabado en el dorso el nombre de una joven y, con esa acción, el soberano llevó a su lecho a una nueva y muy deseada concubina, y sin querer selló el destino de la dinastía manchú. Muchos siglos antes una profecía había anunciado que el dominio manchú en China sería llevado a la ruina por una mujer de la tribu T¡Yeho-Nala.En la penumbra de la alcoba, esta profecíua se tornó en realidad. El emperador quedó embelesado con la joven que había elegido y, a partir de ese momento, el poder de la concubina sobre el emperador quedó sellado. Yehonala sería la última emperatriz de China.
Mucho antes del Código da Vinci existía el relato de un tesoro templario que podía ser incluso más importante que el mismo Grial… Al amanecer del viernes 13 de octubre de 1307 unos hombres armados irrumpieron en las propiedades de los caballeros templarios de toda Francia y arrestaron a todos los que pudieron encontrar. Los caballeros fueron torturados y muchos murieron en la hoguera. La Orden fue disuelta y los Pobres Caballeros del Templo de Salomón quedaron borrados del registro de la historia. Pero algunos consiguieron escapar con su tesoro y sus registros. Enigmáticamente, con ellos desapareció toda una serie de "cabezas" cuya existencia se encuentra ampliamente testificada en los registros de la Inquisición. Una en particular era de gran importancia, una cabeza conocida como Baphomet (el "Padre de la Sabiduría").