Qué hace J.L.C., tan dado a convenir meretricios y refriegas, costes y cancelaciones desveladas, envuelto en susufrida manta de Astorga, de condenado y viejo; qué fingen sus nostalgias y su insomnio nebuloso enmudeciendonos al alimon con frases tiernas, ironicas, asperas. Yo creo en la sobriedad cogitabunda de este hombre y creo entender ahora muchisimas cosas mas. Cosas, muy probablemente, que sin figurar en guionalguno, de improviso, como siempre acaece, las leemos con riesgo y tanta desproporcion que hasta nos parecen mentira. Siquiera cuatro gotas de mentira.