Maurizio Bettini es filólogo clásico y escritor, y dirige el centro Antropologia del Mondo Antico de la Universidad de Siena. En Alianza Editorial ha publicado "¿Quién teme a los griegos y a los romanos? En defensa del diálogo con los clásicos" y "Elogio del politeísmo. Lo que podemos aprender hoy de las religiones antiguas".
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La muñeca es un signo que manifiesta una especie de autorreferencia, una imagen que tiende a escapar del mundo cerrado e inmutable de los iconos, para aventurarse en el terreno de la realidad.
Hija del padre de todos los dioses y criatura de extraordinaria belleza, Helena es uno de los personajes más conocidos de la literatura clásica, inspirador de numerosos relatos y leyendas. La Ilíada y la Odisea, naturalmente, pero tambien dos celebres episodios de la Eneida, las tragedias de Esquilo y Euripides, un drama satirico de Sofocles y dos palinodias de Estesicoro. Su belleza fue cantada por Safo y por Alceo, recordada por Herodoto en su Historia y por Hesiodo en el Catalogo de las mujeres. Su leyenda goza de una notable fortuna en el Oriente bizantino y, como modelo de mujer seductora, atraviesa el Medievo para renacer en tiempos mas recientes en el Fausto de Goethe y en las operas y las musicas de Gluck, Berlioz y Saint-Saens. A comienzos del siglo XX, una Helena callada y serena como la luna, sobre el fuego y la sangre aparece retratada en los Poemi conviviali de Giovanni Pascoli, mientras su imagen, influida por el psicoanalisis, es celebrada en la obra de Hofmannsthal a la que puso musica Strauss. El rostro de Helena y el relato de su historia cambian a lo largo del tiempo y se desmenuzan de version en version: ¿es Helena la infiel causante de la guerra de Troya, o es la mujer de Esparta ligada a las fiestas de la primavera y a la esposa de mayo? ¿Es una diosa o un daimon? ¿Es una meretriz o una mujer seductora? ¿Es una o son dos? Todos conocen el mito de la bella Helena, o, al menos, creen que lo conocen. No obstante, con el mito siempre merece la pena volver a empezar. Asi, de la mano del relato, el ensayo y la iconografia, el lector se adentrara e
Todo sucede en un camino. En un camino un niño fue abandonado para morir; en un camino un joven mató a un hombre mayor que él; en un camino el homicida fue retado por un monstruo con cuerpo de león y cabeza de mujer a que resolviese un enigma: el hombre gano y se convirtio en rey. Por un camino, o mejor, por muchos caminos, el mismo hombre arrastro sus pies de viejo ciego apoyado en un baston, con la unica compañia de su hija. El camino, que tantas veces reaparece en el mito de Edipo, no es solo una metafora de la vida, sino tambien el simbolo del tiempo que avanza y de la identidad que se transforma. No existe, pues, un solo Edipo, sino que existen muchos. Multiples y singulares son las identidades que el mito ha asumido a lo largo de los siglos: de la mascara arcaica y tribal a la desdichada y sufriente de Sofocles y Seneca; del Edipo medieval a la tragedia moderna de los dramas de Tesauro y Voltaire; de los enigmas y de los oraculos a los sueños y a los lapsus. Pero es en el siglo XX cuando toma cuerpo el nuevo Edipo: un heroe que ya no lucha contra el destino sino contra una parte desconocida e irresistible de si mismo; se transforma en un personaje dificil y atormentado, un hombre moderno con una oscura personalidad. Freud, al fundar el psicoanalisis, escoge justamente al Edipo del drama griego como simbolo de otro tipo de drama, convirtiendolo en el mito fundador de una vision distinta del hombre y de su famoso complejo: desde entonces la culpa es necesidad y el Hado se transforma en el Inconsciente. Aunando relato (Maurizio Bettini), ensayo (Guido Guidorizzi) e iconografia, estamos, sin duda, ante un fantastico y original estudio de historia cultural.
Entre la cancelación y la veneración acrítica de los clásicos existe otro camino: el diálogo respetuoso pero sincero con un pasado que, aunque nos incomode, sigue siendo parte fundamental de quiénes somos.En las aulas de todo el mundo se estan sometiendo a examen critico los textos que hasta hace no tanto se consideraban los pilares sagrados de la civilizacion occidental. Los antiguos griegos y romanos no escapan a este escrutinio, pues en ellos se ha querido ver el origen del racismo o el sexismo que han marcado nuestra cultura durante siglos. Ante esto, ¿como mantener aun un dialogo con los clasicos? Maurizio Bettini defiende que es posible lograr un equilibrio entre el respeto a las diferencias y la preservacion del legado cultural que nos conforma. Y que, de hecho, la revision profundamente critica del vinculo con aquello inaceptable de nuestra historia deberia ser el objetivo comun de cualquier proyecto educativo. Pero, para ello, es fundamental que la conversacion no se interrumpa: los griegos y los romanos tienen mucho que decirnos aun sobre quienes somos.
No cabe duda de la importancia y de la pervivencia del mundo clásico en el mundo actual, en los campos de la filosofía, la literatura, el teatro, la política... pero ¿qué hay de esa otra forma de construccion cultural que es la religion? Construido contra las religiones clasicas, el cristianismo y sus secuelas, incluso la nocion de la historia como progreso, han relegado a la religion politeista griega y romana al mero ambito academico y la han teñido de connotaciones negativas, cuando culturalmente es una religion igual que cualquier otra. Por medio de ejemplos concretos, relevantes para la cultura en que vivimos, este original y estimulante libro de Maurizio Bettini explora y defiende lo mucho que el politeismo antiguo podria aportar a nuestras sociedades en el terreno de la experiencia politica y social, individual y colectiva, como por ejemplo, sin ir mas lejos, la disolucion del "conflicto religioso".