José Durrell, un chico de Madrid, se ve obligado a trasladarse junto con su madre a una pequeña ciudad de Virginia, Estados Unidos, donde todo es diferente. Tras un accidente que le obliga a estar un tiempo en silla de ruedas, descubrira todo un mundo fascinante en el jardin de su propia casa. El nuevo marido de su madre se porta bien con el, pero le cuesta aceptarlo como su nuevo padre.
La atracción por un adolescente, nuevo en su vecindario, causará un aleteo de turbación y de alegría en una mujer de mediana edad, que se encuentra en una crisis, trayéndole memorias tiernas y dolorosas. Un inesperado hecho dramático precipitará los acontecimientos. A veces, el miedo a la pérdida y a la soledad nos impide tomar decisiones difíciles, pero necesarias. Esta es una historia de amores y desafectos, recuerdos, miedos, amistad, ilusiones y fracasos en el marco de una bonita ciudad de Virginia. Sus personajes, relacionados con el mundo académico, nadan entre dos fascinantes culturas, entre dos modos diferentes de vida, el americano y el español, que a veces chocan y se desafían. La naturaleza, amplia y bella, va cambiando con las estaciones y sintoniza con el estado de ánimo de la protagonista, una mujer que quiere ser capaz de tomar las riendas de su vida y volver a soñar.
La Navidad, atenuado para muchos su sentido religioso, sigue siendo la más familiar y mágica de las fiestas del año, sobre todo si hay niños en casa. En esas fechas se espera más cariño y compañía, mejor comida y algun presente, y se disfruta de la ilusion de los pequeños. Estos tres cuentos, ligeramente enlazados, acontecen en tres generaciones sucesivas de una misma familia: Las Navidades del lobo, a finales de los años veinte, Viva el amor, viva el laurel, en los cincuenta, Un arbol para Navidad, en los ochenta. Las migraciones del campo a la ciudad, el ascenso social y las mejoras economicas no siempre aportan felicidad. Los tres cuentos ilustran como fueron cambiando las modas y modos de vida en el siglo XX y su influencia, para bien o para mal, en las relaciones familiares. Los niños y los animales, seres mas debiles, solo quieren estar con los suyos, pero se ven forzados a acomodarse a las necesidades de los adultos. Les salva la fantasia, su fe en lo maravilloso. Del amor surgira el milagro.