MIGUEL FLORIÁN (1953) es licenciado en Filosofía Pura y trabaja como profesor de dicha disciplina en el Instituto Murillo de Sevilla. Compagina la crítica literaria con la labor poética, colaborando habitualmetne en publicaciones especializadas. Sus obras han obtenido diferentes galardones, entrer los que destacan el Premio Nacional de Poesía "San Juan de la Cruz", el Premio Internacional de Poesía "Claudio Rodríguez, un accésit al Premio Iberoamerican "Juan Ramón Jiménez"... Ha publicado los siguientes poemarios: "Los mares, las memorias" (Madrid, 1992), "Anteo" (Huelva, 1994), "Llvias" (Ávila, 1995), "Los días y los pájaros" (Zamora, 1996) y "Memoria común" (León, 1997). Con "Mar último" obtuvo el XII Premio de Poesía "Cáceres, Patrimonio de la Humanidad".
Recibe novedades de MIGUEL FLORIAN RABANOS GONZALEZ directamente en tu email
Acerca de "Mar último", afirma el propio autor: "Este libro es el resultado de un esfuerzo por sumergirse en el seno de la palabra; palabra que se presenta como mediadora entre la realidad y la conciencia, mostrandose como instrumento capaz de hacer posible el encuentro entre ambas. Es asi que la palabra poetica celebra la consumacion de los seres, de las cosas en su mas inmediata aparicion, y nos desvela una porcion de realidad que permanecia oscurecida, cumple asi una funcion de anamnesis, de naufragio. En su regresion, la palabra parece abocar a lo "averbal", al territorio inarticulado (ritmo, fluencia de imagenes) de la conciencia que apunta necesariamente a la infancia, a la edad donde los seres y la conciencia se confundia".Acerca de "Mar último", afirma el propio autor: "Este libro es el resultado de un esfuerzo por sumergirse en el seno de la palabra; palabra que se presenta como mediadora entre la realidad y la conciencia, mostrandose como instrumento capaz de hacer posible el encuentro entre ambas. Es asi que la palabra poetica celebra la consumacion de los seres, de las cosas en su mas inmediata aparicion, y nos desvela una porcion de realidad que permanecia oscurecida, cumple asi una funcion de anamnesis, de naufragio. En su regresion, la palabra parece abocar a lo "averbal", al territorio inarticulado (ritmo, fluencia de imagenes) de la conciencia que apunta necesariamente a la infancia, a la edad donde los seres y la conciencia se confundia".