Hay en estos relatos un innegable intento de desentrañar la cara más oscura de nuestra personalidad, esa capacidad de encaminarnos en un sentido mientras pensamos en su contrario. Y lo hace con una sutil dosis de ironia, cercana a veces al sarcasmo, en otras al desvarío más surrealista, plasmando situaciones en las que los personajes parecen dudar de la realidad en la que viven envueltos en sueños inverosímiles convertidos en vida. Hay también una excelente demostración de que cómo las personas estamos sometidos a las incertidumbres, a las circunstancias de otros seres unidos a nosotros que determinan con sus actitudes cada uno de nuestros pasos, que nos convierten en meros espectadores de una realidad a la que hemos otorgado el nombre de existencia.
“El coleccionista de cabezas reducidas” es un libro compuesto por siete relatos en los que predomina el humor y la sutil ironía y en los que el autor, Oscar Alonso Alvarez, es capaz de desentrañar los recovecos que mueven las relaciones de las personas y mostrarnos lo vulnerables y misteriosos que podemos llegar a ser como personas.En cada uno de estos cuentos (muchos de ellos unidos entre sí por finas interrelaciones) descubrimos personajes excéntricos sometidos a una vida cotidiana, esforzados por no parecer surrealistas en su día a día con los demás, pero con secretos inconfesables, con pasiones ocultas, con misterios que de hacerse públicos serían definidos como monstruosos.
"Las hojas vivas, de Diego Pedro López Nicolás, obra ganadora del XXI Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y Los nombres de Castleman, de Óscar Alonso Álvarez, finalista del mismo certamen, se incardinan en la mejor tradición del cuento, que es suma de forma y contenido. No desvelaré las anécdotas de sus historias para no privarles del placer de su lectura: baste decir que los dos abordan temas difíciles, de los que transitan por los acantilados de las emociones humananas (desde donde, ay, tan fácil es caer en la sensiblería y en los tópicos), y que ambos encuentran un sabio equilibrio entre intensidad y contención. Más que la sorpresa pretenden un estremecimiento. Y a fe que lo consiguen. Nos cuentan el horror de nuestros miedos más profundos, pero son al mismo tiempo cauterizadores de nuestras heridas mortales". (Pasqual Alapont)