Contra la nomenclatura psiquiátrica oficial que define la psicosis, la perversión y la neurosis con características fijas y establecidas, la novedad de la enseñanza de Lacan consistió en descubrir en ellas una significación muy distinta, una significación subvertida, no para olvidarlas sino para repensarlas en la interpretación analítica y sus tres dimensiones: simbólica, real, imaginaria. ¿La psicosis no designa acaso lo que puede sucedernos a todos y cada uno de nosotros, puesto que los deseos son, concretamente hablando, locos? ¿La perversión no caracteriza la sexualidad como tal, en vez de ser un componente maligno y nocivo de un acto presuntamente bueno y justo? La neurosis, por su parte, ¿puede aún calificar la histeria, que transgrede las identificaciones normativas con la femineidad o la virilidad? Por último, ¿no puede extraer el psicoanálisis una enseñanza del testimonio de artistas como James Joyce, Marguerite Duras, Camille Claudel, André Gide o Henry de Montherlant? Philippe Julien ofrece al lector un libro que, en la amplitud de su perspectiva, propone un retorno a los textos de Lacan con los mismos métodos que este empleó con Freud: leerlos en la reescritura y descifrarlos en la cifra.
Se plantea el problema de los fundamentos psíquicos y antropológicos de la familia. En efecto, ¿sobre qué se construye la familia? ¿Sobre la prohibición del incesto común a todos los modelos de la sociedad? ¿Sobre la libre elección de la pareja?. El autor interroga a la familia moderna y los trastornos de los que es objeto.
Acaso tienen algo en común religión y psicoanálisis? De entrada, el hecho de tomarse en serio la radical experiencia de la angustia que sufren los seres humanos en algún momento de su existencia. En segundo lugar, reconocer la importancia del padre , con y sin mayuscula, en el desarrollo del individuo. En tercer lugar, apreciar el valor de la palabra, que ademas de jugar un papel decisivo en la comunicacion, desempeña una funcion performativa. En cuarto lugar, pero no el menos importante, considerar el pasado como punto de referencia y, desde el, dotar de sentido al presente y al futuro.Esta enumeracion se podria ampliar, sin duda. Con todo, basta acercarse al pensamiento de Freud, Jung y Lacan ?tres de las figuras indiscutidas del psicoanalisis? para entrever la paradojica relacion que han mantenido religion y psicoanalisis en el ultimo siglo, donde ademas de enriquecerse mutuamente, no han renunciado a la critica fecunda.
Contra la nomenclatura psiquiátrica oficial, que define la psicosis, la perversión y la neurosis con características fijas y establecidas, la novedad de la enseñanza de Lacan consistió en descubrir en ellas una significación muy distinta, una significación subvertida, no para olvidarlas sino para repensarlas en la interpretación analítica y sus tres dimensiones: simbólica, real, imaginaria. ¿No designa acaso la psicosis lo que puede sucedernos a todos y cada uno de nosotros, puesto que los deseos son, concretamente hablando, locos? ¿No caracteriza la perversión a la sexualidad como tal, en vez de ser un componente maligno y nocivo de un acto presuntamente justo y bueno?¿Puede aún la neurosis, calificar a la histeria, que transgrede las identificaciones normativas con la femineidad o la virilidad? Por último, ¿no puede extraer el psicoanálisis una enseñanza del testimonio de artistas como James Joyce, Marguerite Duras, Camille Claudel, André Gide o Henry de Montherlant?