«Hace ya varias décadas que los líderes de la política mundial renunciaron a la formulación denuestro sistema social como una democracia basada en el estricto respeto de sus principiosfundadores. Sin embargo, se mantuvo el fundamento crítico de la democracia formal, laselecciones, y se desarrolló un nuevo y eficaz sistema social: la cultura democrática. Durante losúltimos veinte años se ha implantado en el occidente desarrollado de raíz cristiana una formadeterminada de vida, un cierto estilo cultural basado en la canonización del mercado. En esesistema, que yo llamo cultura democrática, el concepto “democracia” no es otra cosa que unafluida imagen de marca, el mejor logotipo de la modernidad emergente, la seña de identidad deuna cultura social transformada en producto de consumo.Sin embargo, durante los últimos años se está generando un conjunto de comportamientos enlos líderes políticos que, desde una visión global, me hace pensar que quizá nos encontremosante un asalto en toda regla contra la propia y novísima cultura democrática. Para ese conjuntode síntomas propongo la denominación de “Síndrome de Aznar”. Mi Asalto a la culturademocrática intenta desvelar la naturaleza y la forma de operar de esa agresión fundamental.»