A partir de su relación con Alejo y luego con otros personajes, mientras vive en Nueva York y trabaja como asistente de un célebre productor de cine, el protagonista atraviesa varias transformaciones que lo llevan a una vida mundana que dan lugar a situaciones hilarantes y desesperadas con la noche neoyorkina como fondo. La contrafigura es Lina, la niñera ya mayor que sigue viviendo en la casa familiar con los padres del niño al que ayudo a criar. Ella es la que sostiene desde hace cuarenta años la vida domestica de esa familia y mira con tierno escepticismo a sus patrones burgueses progresistas. Lina es la que le dice a Martino todas las verdades. Y es quien le aclara, cuando el tiene cinco años, que homosexual no es una mala palabra.