Antes del nombre y del número, antes del yo y del tú, hubo —y hay— un Fuego sin orillas. No una unidad cerrada, sino una plenitud que se engendra a sí misma. A ese Fuego, unas tradiciones lo llamaron Origen, otras Dios, otras Nada. Aquí, de la mano de Andrea Luca, es llamado Amor Andrógino. No es un concepto, sino Presencia (...).
El Amor Andrógino no une mitades. No repara caídas. No promete completud. Es el instante en que lo separado recuerda su procedencia: dos seres —o dos regiones de un mismo ser-tocados por un mismo Fuego, por una misma epifania.
Por eso estos poemas no buscan consolar: buscan abrir el crisol. No buscan describir vínculos sino atravesar velos. El Amor Andrógino no es refugio, sino pasaje; no es respuesta, sino llamada; no es descanso, sino metamorfosis (...). Cada poema es una chispa de ese Fuego primero que a veces vuelve a arder entre dos miradas, o en el santuario oculto de la propia mirada profunda.
Lo andrógino no aparece como fusión, sino como emergencia del Si-Mismo, cuando las dos corrientes —la que desciende y la que asciende— dejan de oponerse y comienzan a arder en un mismo atanor. Por eso este libro no conduce a un cierre, sino a una metamorfosis, no a una forma, sino a un fuego que sigue naciendo (...). No pide ser comprendido. Pide ser recibido, pide ser habitado. Y si algo puede decirse antes de entrar, es sólo esto: aquí el amor no viene a confirmarte, sino que viene a despojarte hasta que recuerdes.
No es el amor que une cuerpos. Es el amor que reúne mundos. No es el amor que promete. Es el amor que transfigura (...). No leas estos poemas como quien busca comprensión. Léelos como quien entra en una gruta donde aún se oye latir el Origen.
Donde uno viene para ser tomado. Y si al salir ya no reconoces tu antigua nombre, no culpes a las palabras.