La vivienda se ha convertido en el principal activo financiero del capitalismo contemporáneo y en la base de un sistema rentista que obtiene sus beneficios no de producir, sino de poseer. En este modelo, la especulación se convierte en el motor que sostiene la economía. Los altos precios de la vivienda hacen que la mayoría de la población ya no pueda acceder a una casa en propiedad. Así surge una nueva generación: la generación inquilina. Una generación que vive de alquiler no por elección, sino por exclusión. Da igual cuánto estudie, cuánto trabaje o cuánto se esfuerce: su bienestar no depende del mérito ni del salario, sino de la capacidad de heredar una vivienda. Este cambio marca el fin del sueño de las clases medias y abre un nuevo escenario social, donde la vivienda en propiedad determina la posición en la jerarquía económica. Pero Generación inquilina también es un libro de esperanza. Propone un horizonte de cambio y un nuevo paradigma de vivienda basado en el derecho a habitar, la justicia social y la democratización del territorio. Esta generación, al vivir en el corazón de las contradicciones del sistema, es también la que puede transformarlo.