Maestro en explorar los tortuosos caminos que transitan los abismos del alma humana, Fiódor M. Dostoievski demostró en 1866 que estaba en uno de sus mejores momentos creativos escribiendo dos de sus novelas más impactantes y profundas: Crimen y castigo y El jugador. En la primera, una de las cumbres de la literatura del siglo XIX, su protagonista, Raskólnikov, un estudiante que malvive en San Petersburgo, pretende asesinar a una vieja usurera justificando su proyecto con principios morales radicales. Pronto descubrirá que la distancia entre planear un proyecto y culminarlo es inmensa, y las consecuencias que el acto puede conllevar son imprevisibles tanto en el mundo que le rodea como en el interior de su alma. Escrita en menos de un mes, El jugador es, en cambio, una novela de tintes autobiográficos ambientada en una ciudad alemana célebre por su casino. Dostoievski lleva a sus personajes hasta los límites de la desesperación, víctimas del amor, el dinero y los juegos de azar.
Ficha técnica
Traductor: Augusto Vidal, Victoriano Imbert
Editorial: Rba Libros
ISBN: 9788491871279
Idioma: Castellano
Número de páginas: 736
Tiempo de lectura:
17h 39m
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 07/02/2019
Año de edición: 2019
Plaza de edición: Es
Colección:
Novelas Ficción
Novelas Ficción
Alto: 23.2 cm
Ancho: 15.5 cm
Grueso: 5.3 cm
Peso: 1255.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Fiódor Dostoievski
Fiódor Mijailovich Dostoievski; Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881) Novelista ruso. Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal, encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió que el joven Dostoievski se apasionara por la literatura y empezara a desarrollar sus cualidades de escritor. En 1849 fue condenado a muerte por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios. Tras largo tiempo en Tver, recibió autorización para regresar a San Petersburgo, donde no encontró a ninguno de sus antiguos amigos, ni eco alguno de su fama.