Los poetas, habitualmente, se hallan literariamente recluidos en cabañas, adosados o palacete s imaginarios (que de todo hay en la viña del Señor), viviendo una endogamia poética que los convierte, muchas veces en escritores invisibles (tal vez sea este su particular oficio y vocación). No conecta con ellos el gran público y la poesía como género literario es rechazada y no vende. Francisco Loredo, por el contrario, en esta preciosa entrega sale al exterior por la puerta grande, con una creación poética, directa, sin tapujos, amable, descarada y un poco cínica a pesar de su laberíntica diversidad y elegancia. Yo diría que el poeta ha tenido cosas que decir y las ha dicho estupendamente y seguro que así opinarán también los lectores que tengan la suerte de acercarse a esta interesante obra.