Signo expresivo del pensamiento de su autor, el Discurso del método (1637) es también huella fehaciente de las tensiones y problemas de una época. Confluencia de diferentes proyectos, la articulación del texto se observa, más que en el discurso del método como tal, en la tarea de fundamentar el nuevo saber -teórico y práctico- moderno. El estilo autobiográfico, más vivo en la Parte I, opera como máscara que acentúa un determinado gesto: destruir críticamente el viejo edificio del saber y alzar sobre otros cimientos el saber moderno. La Parte II especifica el cimiento epistemológico (metodológico), iniciado en las Reglas, y formula la exigencia de nuevo fundamento (ontológico). El nuevo saber es también práctico; de ahí el esbozo original de la moral -Parte III-, que desarrollará en Cartas y en las Pasiones del alma. La meditación metafísica de la Parte IV -continuada en Meditaciones metafísicas- constituye uno de los signos de la época moderna, al darle un fundamento de su figura mediante una determinada interpretación de lo existente y de la verdad. Nuevo signo es la ciencia física de la Parte V, donde resuenan El Mundo y la voz polémica de Galileo. En la Parte VI aparece un tercer signo, la máquina o la técnica, aplicación práctica del saber
Ficha técnica
Traductor: Eduardo Bello Reguera
Editorial: Tecnos
ISBN: 9788430943715
Idioma: Castellano
Número de páginas: 160
Tiempo de lectura:
3h 44m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 20/03/2006
Año de edición: 2006
Plaza de edición: Es
Colección:
Clásicos - Clásicos del Pensamiento
Clásicos - Clásicos del Pensamiento
Alto: 20.0 cm
Ancho: 13.0 cm
Grueso: 1.3 cm
Peso: 249.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por René Descartes
Nació en 1596 en La Haye, Turena (Francia). Junto a los típicos estudios clásicos, Descartes estudió matemáticas y escolasticismo, con el propósito de orientar la razón humana para comprender la doctrina cristiana. Estuvo muy influido por el Catolicismo. Se licenció en Derecho en la Universidad de Poitiers, sin embargo, nunca ejerció la profesión jurídica. En 1649 Descartes fue invitado a la corte de Cristina de Suecia en Estocolmo para dar a la reina clases de filosofía. Aquí murió en 1650 de una pulmonía. Diecisiete años más tarde, su cadáver volvió a París, donde fue sepultado.