Ochenta años despues del fin del nazismo, las imágenes que construyeron su imaginario siguen ayudándonos a entender cómo el poder moldea los cuerpos y las identidades.
El nacionalsocialismo convirtió el cuerpo en un elemento central de su proyecto político y social. Durante aquel periodo, la imagen y muy especialmente el cine actuó como un instrumento decisivo para moldear identidades individuales y colectivas. En el encuentro entre estetica y poder surge la noción de "cuerpo contenido" como clave interpretativa de la simbología nacionalsocialista: un cuerpo disciplinado y ajustado a los principios del regimen. La visión del cuerpo promovida por el nacionalsocialismo alcanzó su expresión más influyente en la obra cinematográfica de Leni Riefenstahl, en particular en sus películas El triunfo de la voluntad y Olimpiada. Sus innovaciones formales y narrativas contribuyeron a consolidar un "realismo idealista" que no solo dio soporte al imaginario nazi, sino que ha seguido proyectándose, de manera sutil pero persistente, en la estetica contemporánea.
"El cine de Leni Riefenstahl no solo documentóáun regimen: creó una estetica del cuerpo que contribuyóáa convertir la ideología en espectáculo".á(Nayra Sanz)