Nos resulta muy grato proponer a las nuevas generaciones de lectores la gran novela El doctor Zhivago del escritor ruso Borís Pasternak, que fue justamente galardonado con el Premio Nobel.Cuando la novela de Pasternak apareció en 1957, suscitó encendidas polémicas y fervores en ocasiones equívocos. Eran los años helados de la guerra fría y su autor fue aclamado por muchos como el primer gran escritor disidente. El escritor y crítico británico V. S. Pritchett, gran conocedor de la literatura rusa, la saludó como lo mejor que había producido Rusia desde la revolución, la obra de un genio .Edmund Wilson estuvo de acuerdo con él, y subrayó la originalidad de su estructura, a su manera tan novedosa como lo había sido en su momento En busca del tiempo perdido, la obra maestra de Proust, puesto que la estructura de la novela de Borís Pasternak no estaba basada en un argumento tradicional y lógico, sino en series de encuentros azarosos y separaciones, que daban una exacta impresión de lo que había sido la vida para los ciudadanos de la URSS en los años posteriores a la revolución.Pasternak, hasta entonces un poeta exquisito, considerado por los apóstoles del realismo socialista como un esteta anacrónico, había declarado en Biograficheski ocherk (Un ensayo de autobiografía, 1958) que nada de lo que había escrito antes de 1940 le gustaba, y concedía parte del crédito por este cambio a la poeta Marina Tsvietáieva. Los poemas publicados en 1954 aparecieron, junto con otros, como el último capítulo de El doctor Zhivago.La significación de este capítulo de poemas, y el hecho de que el héroe de la novela fuera a la vez médico y poeta, pasó poco menos que desapercibida en la baraúnda levantada por la obra. El consenso era que el supuesto esteta había invadido la arena política y escrito una polémica condena de la revolución y del r&a