El espíritu del materialismo consiste en reivindicar la materialidad de la existencia en la sociedad de la comunicación, que sus opinadores tachan de materialista cuando solo escenifica la degradación del idealismo. Materialista es un respeto a lo múltiple que no incentiva el desorden. Antes bien, se opone a la insensatez de aquellos discursos que fían su legitimidad a abstracciones empobrecedoras de lo real. Dos ejes de la perspectiva que aquí se expone: la realidad es lo que el lenguaje dice que no es lenguaje, y todo cuanto existe es material aunque no exista la materia como, por así decir, la pasta de las cosas. La reflexión expuesta en este ensayo carece de género. Salvo el literario, que abarca la escritura filosófica, algo muy distinto de la filosofía escrita. Habrá que distinguirlas en la medida en que existe también y ante todo la materialidad de la propia escritura. La materialidad erosiona la identidad. Es liberadora.